• Federico Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos


    Mi familia venía de los dos bandos. Mi padre era falangista, mi abuelo materno era republicano, estuvo de topo y se murió justo al terminar la guerra. (…)

    Mis padres se conocieron de una forma muy romántica. Habían nombrado a mi madre maestra del pueblo pero como había maquis pensaban que a lo mejor no se atrevía a subir. La víspera habían matado a un primo hermano de mi padre que era alcalde de Santa Eulalia, a 30 kilómetros de mi pueblo. Se lo llevaron en un camión y lo arrojaron por un barranco. Mi padre, para asegurarse de que la maestra subiría al pueblo bajó armado a escoltar el coche correo. La maestrita, que era muy mona, pues se encuentra con un tío que va por la parte de fuera del correo escoltándola. Fue irresistible. Yo creo que ese día ya la republicana se rindió. ¡Es que el falangista estaba cuidándola! Así se conocen en el 49. Y en el 51 nazco yo. (…)

    En el Colegio en el que yo era becario desde los diez años, éramos los pobres pero los pobres listos. Todo esto influiría mucho después en la idea de un partido de vanguardia y nosotros éramos el listo de cada pueblo que había ganado la beca. En Teruel los pobres éramos los listos. Caruana era mi compañero de pupitre. Esa conciencia de pertenecer a una elite de hecho –becarios desde siempre como por selección natural– la teníamos desde los diez años porque cada año podías ganar o perder la beca: si pasabas de 7 como nota media te la renovaban, si bajabas la perdías.