Me enrolo justo al acabar las Six Hores de Canet, un festival de canción catalanista de protesta que se celebraba en Canet de Mar por la noche durante seis horas y organizado por La Trinca; por cierto, una especie de anticipo de lo que acabaría siendo el gran negociazo de Gestmusic . Allí acampaban hasta 80.000 personas; durante la noche iban saliendo Ramón Muntané, la propia Trinca… En una España como la del verano del 76, donde no se sabía muy bien hacia dónde se iba –y supongo que la gente responsable y un poco mayor tenía mucho miedo, porque parecía que algo iba a pasar, no se sabía muy bien qué–, pues claro, los jóvenes, y ya no te digo un niño, éramos los únicos que no notábamos la sensación de peligro. En una de esas six hores de la cançó en Canet de Mar cojo y le digo a mi hermana, con la que había ido allí: yo me voy con la Marcha de la Llibertat, que pasaba por Canet ese día. Me voy con ellos, ya llamaré. Entonces desaparezco 15 días. Para mí era como un juego de aventuras, no era consciente del peligro que entrañaba. Y la verdad es que me lo pasaba muy bien. (…)
Lo de Tarradellas fue tremendamente importante porque en realidad la Generalidad provisional restaurada fue la única excepción al lema «de la ley a la ley», y la única conexión real con la República, porque se rescata la misma institución en la misma persona que la ostentaba con el título republicano. Por otro lado, recuerdo muy bien que Tarradellas no era querido por los partidos de la izquierda ni, sobre todo, por los nacionalistas, que empezaban a moverse. (…) Recuerdo muy bien ese día. Yo estaba en la plaza de San Jaime recibiendo a Josep Tarradellas en el año 77, por tanto tendría yo pues dieciséis años, portando una bandera catalana. (…) Así que entré en la plaza, ondeé la bandera durante mucho rato y tuve el honor de asistir al espectáculo histórico de Tarradellas asomándose al balcón diciendo «Ciutadans de Catalunya, ja soc aquí!». Repitió el «ja soc aquí» varias veces. Pero lo importante era lo otro. Lo de Ciutadans de Catalunya. Con el tiempo me percaté de que estaba absolutamente calculado, se había querido diferenciar, distanciar totalmente de Maciá y de Companys, que habían apelado a los catalanes y no a los ciudadanos. Era un gran hombre, un hombre prudente y desconfiaba enormemente de Jordi Pujol. Sabía lo que se hacía.
Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961) es consultor estratégico, analista político, abogado y MBA por ESADE, colabora habitualmente en Libertad Digital y en la Cadena COPE.
En el plano literario, es autor de las novelas Memoria de los días sin mar y El impulso de Beamon, así como de múltiples relatos, género con el que obtuvo el premio Gabriel Aresti en su XIII edición.
